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Los liner se preparan

La metamorfosis de los afectos comenzó

Conocé mi obra

Agenda

sep

2025

Muestra: "Metamorfosear los afectos"

En CASA PULSAR

Muestra de pintura.

Calle 58 N°512 - La Plata
Lunes, miércoles, viernes, sábados y domingos.


Galería de fotos

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Carola

Obra 30x40 cm.

Técnica: acrílicos
Pinto mujeres, porque en ese Ser o No Ser, se siguen jugando historias. Cada trazo atraviesa el mundo de los afectos, los sabidos y los que nos sorprenden. En Carola resuenan recuerdos, guarda secretos y se sumerge en el mundo de los detalles. A puro color, bucea profundidades e invita a detenerse en cualquier rincón elegido. 

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Faro de los ahogados

Obra 80x100 cm.

Técnica Mixta: Acrílicos y arena
La pintura al igual que el sueño es un juego de imágenes que no tienen tiempo ni lógica. Combinatoria de colores, con sus formas al infinito, se imponen, como los deseos reprimidos que movilizan todo para plasmarse en los sueños, motorizan el impulso irrefrenable de manifestarse, al igual que la potencia de la pincelada.

Cuando me despierto, tampoco puedo salir de las imágenes oníricas, me capturan.

En este cuadro, se impuso la imagen del pez, sus colores, la mujer en el océano. Al momento de pintarlo sin saberlo se condensa lo más íntimo de mi Ser; la orfandad, la búsqueda del deseo, del Amor; la necesidad de ayudar y de encontrar en las oscuridades una luz hasta en los momentos más oscuros.

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Elena

Obra 60x80 cm.

Técnica: acrílicos, lápiz tiza, telas teñidas
De niña acompañaba a Elena al cementerio. Ella era vecina y amiga de mi mamá, se le había muerto su hija muy joven. Para mí era una salida y de hecho me recuerdo en los viajes, mirando por la ventanilla del micro.
Ñata, mi abuela, se había muerto y yo también acompañaba a mi papá al cementerio. Mi madre decía que mi abuela se había muerto de tristeza, al poco tiempo de perder a su hija. Mi tía, esa hija, murió muy joven en un parto junto a su bebé.
La oscuridad, la muerte y la melancolía fueron parte de mi historia desde muy chica, y despertaron esas historias, curiosidad e investigación. Ahora pinto y las descubro con sus nidos y sus sombras.
PD: Ñata también se llamaba Elena como mi vecina y lo había olvidado. Para mí sorpresa, lo recordé cuando finalicé el cuadro.

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De la fisura sale la imagen

Obra 60x80 cm.
Técnica: cartón, acrílicos, lápiz tiza.

“De la fisura nace la imagen”, esa fue la idea que se impuso en este cuadro.

Pegué, corté, destrocé papel, jugué con plasticola y con agua. Me repetía a mí misma que de las fisuras nacen las imágenes y cuando le di una aguada empecé a buscarlas.

Sólo surgían cuerpos destrozados: un pie, una mano, un pájaro, una mano que toca un pájaro. Dí vuelta el cuadro y al girarlo encontré un ojo y seguí las fisuras. Me encontré con dos hombres.

Mí profe me dijo: ”¡Por fin aparece un hombre!“; y seguí buscando. Aparecen pájaros. muchos pájaros en un árbol que casi tocan a los hombres.

Lo primero que asocié al escuchar a mi profe, fueron los ojos de mi viejo. Me invadió una emoción y los mios se llenaron de lágrimas. El reencuentro con mi viejo.

Llegué a casa y le conté a mi pareja y a nuestros hijos lo que me pasó. Mi compañero se emocionó y me dijo que “ya tiene nombre el cuadro, es Chispita”.

Me quedé pensando ¿Por qué hay pájaros alrededor?

Al otro día se me presentó un recuerdo. Cuando murió mi viejo, mis sobrinos eran muy pequeños. A los pocos días jugaban en mi casa silenciosamente en una pieza, cuando los fui a buscar para mi sorpresa, me encontré con ellos jugando a que se había muerto un pajarito y lo estaban velando (era un peluche, un pajarito, que lo habían cubierto con la ropa de cama, simulando una tumba), entonces mis sobrinos me dijeron que espere, que se estaban despidiendo y antes de irme les pregunté ¿cómo se llama el pajarito? - “Se llama Chispita”.

Chispita era el apodo de joven de mi viejo, pero que sólo así lo llamaban sus amigos del barrio. En mi casa no lo llamábamos así.

Seguía emocionada. Fui a la clase de pintura y al contarle a mí profe todo lo que me había pasado con las imágenes, ella me dijo, “bueno, ahora a buscar y elegir paleta de color, dejá que la paleta y el color te vengan, que se impongan, cómo lo hizo la imagen”.

El primer color que me vino a la mente, fue un verde quebrado con sombra. Quedé mirando el cuadro y se me cruzó una idea ¿habrá algún pájaro que se llame Chispita?

Agarré el celular y al googlearlo me encuentré que existe un colibrí que se llama Chispita, oriundo de Colombia, tiene color verde en el pecho.

La magia a veces ocurre y uno ya no es el mismo.

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Sofrosine

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Mundo Psi

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Hénosis

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Pachamama

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En el bosque de La China

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Sophia (“Dónde queda y dónde quedo, cuando se muere un paciente”)

Obra 60x100 cm.

Técnica mixta: Cartón, telas y acrílicos
Hace dos noches que me despierto soñando. La primera de esas noches aparezco quebrándome cuando veo a la madre de mí paciente y la saludo. Me angustio cuando le digo que me duele la muerte de su hija. La segunda noche, me encuentro interrumpiendo un ensayo de la coreografía de baile, porque me avisan que alguien se muere. Y yo puteo, además de pensar en la angustia de sus seres queridos.
Mis sueños quieren poner escenarios e imágenes a algo que no tiene ni tiempo ni espacio. No soy una familiar, tampoco soy su amiga. Pero… ¿dónde quedan nuestras charlas, nuestras miradas, sus sueños, la intimidad relatada y acompañada?
No es la primera vez que la muerte toca la puerta del consultorio, y ya no es para contarme cómo le afecta la pérdida de su ser amado, sino para acompañar a alguien sabiendo que se encuentra en sus últimos tiempos. Aunque hayan pasado muchos años, suelen volver mis pacientes que murieron. No es siempre, pero cuando algo de la vida las toca por asociación, ellas, mis pacientes regresan a través de imágenes a mi mente.
No sé qué sentido tiene escribir esto, tal vez, el de calmar el dolor. Me pregunto, ¿qué se muere de uno?. Cuando un cantor muere nos queda su voz, y así en cada obra de un artista nos queda un trozo de él. Cuando alguien amado se nos va nos quedan sus abrazos, sus olores.
¿Qué nos queda cuando un paciente se muere?
Solo pienso en ir a pintura, pintar mis mujeres que hacen síntesis de mis amores, mis dolores , tal vez porque en ellas me encuentro y desencuentro, sin saber todo lo que hay en mí.

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Clementina, entre lo que nos arraiga y nos libera

Obra 40x50 cm.

Técnica: acrílicos
Sin darnos cuenta nos encontramos con pensamientos. Los mismos siempre me llamaron la atención, tal vez porque nacen del cuerpo sin que uno se entere de su raíz. A veces nos hacen sombra y otras veces nos permiten sumergirnos en sus aromas y recuerdos.
El alma se interroga sin saber quién es, cree muchas veces que a través de sus pensamientos se puede llegar a conocer, pero es lo contrario, los mismos muchas veces nos dejan arraigados en aquello que no sabemos y a veces también nos liberan de eso.

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Aurora

Obra 60x80 cm.

Técnica: acrílicos, lápiz tiza, papeles, tinta china
Aurora habla, repite, vuelve a cada escena destrozada.
Relata, enumera y en cada palabra se vuelve a sentir el dolor de no ser amada. Aurora lleva sus marcas, su piel tiene cicatrices. Su cuerpo oscila entre la oscuridad y la luz de aquello que de una manera incipiente aparece como nuevo.
De la melancolía del duelo se sale rompiendo, despedazando aquello que no se puede perder, que resiste su pérdida. Se rompe el deseo, la ilusión de lo que uno quiso que sea, pero lo paradójico es que también uno queda en partes. Ya nada se vuelve a unir.
“Solamente el que se atrevió a perder un deseo sabe que lleva la marca en el cuerpo”
Algunas huellas del cuerpo son visibles, otras se encuentran en lugares profundos que se despiertan cuando una situación las toca de manera azarosa. Ahí aparecen esas inscripciones que resultan casi imperceptibles pero tienen una trama, la trama de los afectos.
Aurora vuelve a relatar lo acontecido y en cada elemento de su historia se detiene, se sumerge, bucea, busca raíces y solo encuentra la huella de lo pasado. Ese pasado que no suelta, que mastica y al que a veces se aferra. ¿Será que romper el deseo es romperse?.
Me pregunto qué se hace, para salir de la melancolía.
Aurora está en eso.

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Eleonora

Obra 30X40 cm.
Técnica: acrílicos, lápiz tiza.

"Quienes sueñan de día conocen muchas cosas que escapan, a quienes sueñan sólo de noche. 
En sus visiones grises vislumbran la eternidad y se emocionan, al despertar, al descubrir que han estado al borde del gran secreto".
(Edgar Allan Poe - Eleonora, 1842)

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Velo

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Primavera

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Kairos

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Hénosis (boceto)

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Anhelo

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Amore


Acerca de mi

En la escuela había murales, uno de ellos estaba en la escalera que te llevaba al primer piso. Recuerdo tener 8 años y quedarme atrapada en la pintura, mi mirada quedó capturada. Jugaba todos los días a ser quién estaba en ese mural, fantaseaba con ser esa niña o esa mujer. Podía sentir y hacer hipótesis de qué les pasaba, y cómo dialogaban con los otros elementos del mural. No había un día que no lo mire y en mí todavía habita el recuerdo de la paleta de colores. Ahora podría decir, paleta quebrada de color tierra.

Ahí empecé a ponerme en el lugar del otro y sentir, creo que ahí comenzó el sumergirme y el buceo del alma. En realidad, en la mía,  pero cada gesto de la pintura me permitía suponer algo y jugar a ser otra persona. Sumergirme y perderme en el Otro, Ser otro y por momentos vaciarme de quien uno cree que es, se convirtió en un ejercicio cotidiano.

Durante unos cuantos años solo me permití volver al buceo de afectos y hacer la panzada de hipótesis en lo sagrado de la escucha analítica, debido a mi profesión de psicóloga. Encontrarme con el escenario de no saber qué le pasa al que tengo enfrente y ser esa investigadora que al mejor estilo Sherlock Holmes, se detiene en el detalle para ver qué hay detrás de cada fallido, lapsus o palabra que se repite en una sesión. Volver  a meterme en un escenario, que al igual que el mural no se sabe qué es mío y qué es del otro, volver sobre los gestos de las ficciones ahora relatadas, crear novelas. Detenerme en las narrativas tienen mucho de aquel encuentro con la pintura.

También en mi niñez, muchas veces cuando  lloraba, mi madre me decía que no me haga la “artista”. En oposición a ella y tal vez en unión, ya de niña me la pasaba pintando haciendo regalos con cajitas de cartón, oliendo papeles y levantando la basura de la calle; una recolección de papelitos y cosas que me guardaba en los bolsillos. Tesoros y placeres al olfato y al tacto imperdibles.

Pintar me permite ser la basurera, la artista, la creadora. Pintar para mí fue crear un mundo donde solo me sumerjo al buceo de los afectos, que son colores, a veces puros, otras veces quebrados que me llevan a no pensar en nada, pero al mismo tiempo saben de mí, más que yo misma.

Cuando pinto sueño, cuando analizo un sueño pinto. El lenguaje visual del sueño se nos impone y no elegimos lo que soñamos, somos tomados por la imagen, la imagen se impone, retorna, la misma está formada por huellas mnémicas. Aquellas primeras inscripciones psíquicas que solo se asoman a la conciencia disfrazadas en alguna manifestación del inconsciente. La  pintura y los sueños nos conectan con lo más profundo de nosotros,  nos sorprenden y nos transforman. La imagen levanta los deseos reprimidos y por un segundo nos convoca con aquello que deseamos. La imagen es metáfora y metonimia, es un deseo que se hace presente y se desvanece.

La pintura me da Data, sin ser consciente aparecen recurrencias, trazos, formas que no domino y que por más que quiera eliminarlas, ellas solas reaparecen. Llevan la marca de la memoria en tanto inscripción; puedo percibir muchas cosas pero alguna toca el alma y de repente aparece la magia, la transformación y la noticia de aquello que nunca fue sentido ni pensado conscientemente, y cuando irrumpe una  ya no es la misma, al igual que aquello inconsciente que en una sesión fue escuchado y a partir de ahí  ya no  se puede dejar de anoticiarse de eso. Somos extranjeros de nosotros mismos, la repetición a veces hace que uno siempre cante la misma canción sin preguntarse nada.

Hace unos años mientras buceaba en el consultorio, mis pacientes a través de sus procesos creativos me enseñaron mucho. Lo creativo no es solamente pintar, actuar, cantar. Lo creativo es querer transformar lo que nos pasa, lo que padecemos y ese acto solitario de metamorfosis nos devuelve otra forma de ser y estar en el mundo. El crear con ellos, un nuevo escenario de vida no solo modificó su propia vida, sino también la mía. Mis pacientes me devolvieron un deseo, el de bucear no solo en el consultorio sino nuevamente sumergirme en la pintura, como en aquel mural de mi escuela,  y que las imágenes me devuelvan por un instante, aquello de lo profundo que me habita.  Mientras buceo me transformo. 

La  metamorfosis del afecto comenzó y los liners ,los pinceles se preparan…

Karina D ´Alfonso.

Pintora del alma y desde el alma.

Psicoanalista
Licenciada y profesora en psicología - MP51832
Profesora en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP
Profesora en la Facultad de Trabajo Social de la UNLP
Profesora y supervisora clínica en el Instituto de Psicoanálisis Fernando Ulloa

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